¿Paz total? Cuando los ceses al fuego fortalecen al crimen

Qué enseña la evaluación de los ceses al fuego de 2023 para la política de seguridad del próximo gobierno

Juan F. Vargas Profesor de Economía, Universidad de Turín y Collegio Carlo Alberto; e Investigador Afiliado de Fedesarrollo

Esta Nota se basa en el estudio Paz Total? How Ceasefires Backfire (Documento CEDE-CESED, Universidad de los Andes, 2026), realizado en coautoría con Daniel Mejía y Andrés F. Rivera.

La idea central

Un cese al fuego no es bueno ni malo en sí mismo: es una herramienta, no un resultado. La evaluación de los ceses al fuego que el gobierno decretó en 2023, en el marco de la Paz Total, muestra que cuando una tregua reduce la presión militar del Estado sin verificación independiente ni monitoreo, los grupos armados no dejan de ejercer violencia: cambian su forma. Reemplazan la violencia visible —la que les costaría políticamente en la mesa— por una coerción más silenciosa y más eficaz para consolidar el control territorial.

La lección para 2026–2030 no es “negociar a cualquier precio” ni “mano dura” como eslogan. Es más precisa: un cese sin verificación, sin monitoreo y con renuncia a la capacidad del Estado para hacer cumplir la ley termina siendo un subsidio a la consolidación del crimen.

Tres mensajes para el próximo gobierno

  1. La evidencia enfatiza la importancia del detalle en la implementación, no avala consignas absolutas. No avala la “paz total” sin condiciones ni la “mano dura” como bandera. Un cese sin verificación, sin monitoreo y con capitulación militar subsidia la consolidación territorial de los grupos armados. La “mano dura” sin garantías judiciales ni respeto por los derechos también puede exacerbar el problema.
  2. Con la Paz Total, la violencia no desapareció: cambió de forma. Medir la paz solo por los homicidios ocultó un fuerte aumento de la extorsión, las amenazas y el reclutamiento, y un avance de la gobernanza criminal que afectó la vida cotidiana de millones de personas.
  3. Negociar no exige desarmar al Estado. El problema no fue dialogar, sino bajar selectivamente la presión sobre el grupo negociador sin reforzar al mismo tiempo la capacidad de detectar y sancionar la coerción menos visible.